Ahora vamos a ser serios, vamos a pensar las cosas de verdad, despojadas de los condicionantes circunstanciales… No vamos a hablar de condiciones laborales, ni de docentes, ni de familias que no se hacen cargo de sus hijos.
¿A mí, qué me gustaría para mis hijos e hija?
Me gustaría que aprendieran un poquito de música, de pintura, de escultura, de organización de proyectos, de trato con los que sufren, de comida sana y cocina rica, de deporte para ser sanos y fuertes, de lo que pasa en el mundo con las personas y con los recursos…
Tenéis razón, muchas de esas cosas se las puedo enseñar yo, y quiero, y lo hago, pero otras no (y esas, las puedo pagar).
Pero no solo puedo enseñárselas a mis hijos, a mi hija, sino a los hijos e hijas de otras familias, y a otros padres y madres, y a personas que serán madres y padres dentro de unos años… Y además, hay otras muchas que puedo y quiero aprender.
Así que, en mi mundo ideal, mis hijos, mi hija, no van a la escuela, sino que van por la escuela, que es un edificio lleno de conocimiento, recursos, y personas, un lugar y una filosofía, donde se comparten los intangibles, lo que se tiene y se quiere compartir. Naturalmente, la escuela está abierta todo el día, porque el conocimiento y la socialización no tienen horario, digamos lo que digamos. La infancia es un periodo de aprendizaje intensivo. Los niños y niñas aprenden donde estén, y aprenden lo bueno, y lo malo.
Y sin embargo, decimos que nuestras niñas, nuestros niños, deben pasar poco tiempo en la escuela… porque es mejor… ¿para qué? ¿Qué parte es la que ya no tienen que aprender en la escuela? ¿Y quiénes? Por poner un ejemplo, aquellos cuyas familias fueron a la escuela y obtuvieron su certificado de escolaridad - y ahí acabó su educación formal - ¿alguien les explicará que se puede estudiar música, que sumar y restar puede ser importante, pero leer lo es mucho más, y comer bien, y expresarse, y jugar, y descansar…?

Es muy importante cambiar el foco, reconocer en qué modelo de familia estamos pensando cuando decimos que los niños y las niñas están mejor con su familia que en la escuela. Si nos basamos en la familia ideal, conviene que no lo olvidemos, y que no olvidemos tampoco que tal vez toda la familia, al completo, estaría mejor en la escuela.
Y admitir, también, que en la escuela pasiva, doblegadora, que anula voluntades y diferencias, cuantas menos horas pasemos todos, mejor. ¡Pero es que en esa escuela no podemos basar nuestras decisiones organizativas!¡Esa escuela HAY QUE CERRARLA!¡Esa escuela no la queremos, ni muchas horas, ni pocas!
Honestamente creo que hay que empezar a pensar en la escuela como en NUESTRA escuela, del barrio, del pueblo…, y no como el edificio que sirve para que los y las profesionales impartan o compartan conocimiento. Todos y todas podemos dar y recibir en la escuela.
¿Pensáis, de verdad, que tiene algún sentido que haya una escuela para aprender a leer, escribir y aguantarse el pis, otra para quien pueda pagarse la música, o la cerámica, y otra para que quien necesita ración doble de sumas y restas, y si no puede pagarlo, ya habrá algún voluntario o servicio social? No se me ocurre forma más injusta de mantener el reparto del conocimiento, del acceso a la cultura, de la felicidad… ¿Es esto lo que queremos? ¿Perpetuar este modelo? ¿Que quien quiera y pueda se lo pague? No gastaré un minuto más en ese debate estéril. Las condiciones laborales del profesorado, como el acceso a la función pública, como los presupuestos para el funcionamiento de los centros… todo eso es importante, pero primero debemos saber si hablamos de la misma sociedad como proyecto, de la misma escuela objetivo. En mi modelo de escuela, el que os cuento más arriba, ni siquiera está claro quien enseña y quien aprende… como para hablar de quién trabaja por la mañana, quién por la tarde, o quién lo paga…
En esa escuela de horas limitadas, ¿qué de todo lo que se puede aprender en esta vida tiene cabida?¿Una hora semanal de educación física?¿Otra de música?¿Me estáis hablando en serio de la escuela? No, creo que no. No lo toméis a mal, porque sabéis que os respeto, especialmente a vosotros y vosotras, con los que he hablado un poco de esto; pero creo que estamos hablando de nadar y guardar la ropa. Estamos hablando de vuestra vida, pero no de la escuela.
Este debate no tiene que ver con lo asistencial, tiene que ver con que la cultura, el conocimiento, patrimonio de todos y todas, está muy lejos de ser universal, habiendo como hay dos polos, el de la riqueza, y el de la pobreza. Mientras vivamos en el polo rico, mientras seamos nominalmente democracias, tenemos obligación de hacer extensiva la educación, el acceso a la cultura, por lo menos a todas y todos los que se asientan en nuestras tierras. Y son niñas y niños, pero también adultos.
Esa es la escuela que quiero. La que cambiará el mundo porque será nuestra, y pondrá en nuestras manos las herramientas para cambiarlo: conocimiento, sentido de la justicia, libertad para elegir, y gafas de ver.
PD. Y después de mi conversación twittera con @franiglesias_, si queréis, lo llamamos de otra forma.
-
nicolasaquidman posted this